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dissabte, 23 de març del 2013

"Un Papa que pide la bendición" por José Luis Ysern de Arce

...un artículo de José Luis Ysern de Arce, sacerdote y psicólogo, catedrático en la Universidad de Santiago de Chile, sobre el nuevo Papa Francisco, por si te parece oportuno publicarlo en Nihil Obstat. Yo lo he recibido reenviado por una sobrina suya y mía.
 Creo que todos compartimos la misma perspectiva esperanzada y entusiasta respecto al futuro dela Iglesia con este nuevo Papa. Confiemos en que sea valiente y acertado...
Antonio Lagarda

(El autor del artículo es de origen valenciano; incluimos abajo su foto)
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José Luis Ysern de ArceArtículo publicado en en prensa chilena
"La Discusión"  16 de marzo, 2013
  
 
Sicólogo, Sacerdote; Licenciado en Teología; Diplomado en Psicología Clínica; Master en Psicología; Doctor en Psicología. Docente Jornada Completa de Psicología Universidad del Bio-Bio. Asesor Nacional de AUC
 


En la primera aparición ante el público curioso y expectante en la Plaza de San Pedro, el nuevo Papa Francisco, antes de impartir la bendición que le solicitan, cambia las reglas del juego y es él quien pide la bendición: “Antes de daros la bendición, bendecidme vosotros a mí”. Estas fueron sus palabras. Estas palabras encierran todo un significado psicológico y teológico que dan para mucho.

Me limitaré a comentar algunos de los aspectos que me llaman especialmente la atención. Ante todo veo ahí un Papa fiel a la buena teología: el gran vicario de Cristo es el Pueblo de Dios. El Papa es el “servidor de los siervos de Dios”. Francisco lo sabe, y comienza su ministerio pidiendo la bendición a ese pueblo, representado por las personas que se reúnen ante su balcón. Les pide su bendición mediante unos instantes de silencio orante.

El Pueblo de Dios cuenta con la asistencia e iluminación del Espíritu Santo, con cuyo soplo la comunidad de creyentes se sacude de la hojarasca seca, se limpia, purifica y renueva. La Iglesia es jerárquica, es verdad, pero su jerarquía no es de poder autoritario sino de servicio incondicional y humilde.

La jerarquía está ahí -como bien dice el último Concilio- para ponerse incondicionalmente al servicio del Pueblo de Dios. Por eso el Papa Francisco, mediante sus gestos de sencillez y cercanía, nos dice que quiere permanecer atento a la escucha de su pueblo. ¿Y qué le han dicho al Papa desde hace tiempo y especialmente en los últimos días previos al cónclave, los creyentes, y también los no creyentes que respetan a la Iglesia? Le decimos que estamos con él, que sea valiente y que se deje llevar de la fuerza del Espíritu para que emprenda las reformas que sean necesarias.

Le decimos que no se arredre, que dificultades tendrá, pero que desde las bases del Pueblo de Dios estamos con él. Sabemos que él conoce los clamores de un pueblo que pide una mayor participación de la mujer en la liturgia y en puestos de responsabilidad dentro de la Iglesia. Jesucristo no fue machista misógino y tampoco lo tiene que ser su Iglesia. El Papa Francisco sabe -porque lo ha escuchado incluso en su antigua diócesis de Buenos Aires- que si también recibieran el sacramento del orden sacerdotal hombres casados, y no solo célibes, la Eucaristía, fundamento de la misma Iglesia, podría gozarse y celebrarse en muchos más lugares. También este Papa, hombre de ciencia y cultura contemporánea, sabe que las ciencias psico-biológicas han avanzado mucho en los últimos tiempos, y que los datos provenientes de esta ciencia permiten, a una Iglesia que permanezca en actitud de escucha, revisar algunas normas de su moral sexual porque están desfasadas y pueden ser flexibilizadas.


Por último, este Papa ha elegido llamarse Francisco. Tiene mucha importancia psicológica el significado del nombre, sobre todo cuando es el propio sujeto quien se autodenomina de determinada manera. Nuestro chileno Humberto Maturana podría decirnos mucho de cómo se construye la persona a partir del lenguaje y sus significados. Llamarse Francisco no es poca cosa: este santo, que no fue cura, sino laico y luego diácono, fue cautivado por un Jesucristo que le llamaba para reconstruir la Iglesia en una época (siglo XII) de grandes crisis y problemas al interior de la misma. Francisco, fiel a su vocación y desde su máxima sencillez y pobreza, clamó para que la Iglesia volviera a poner su centro en Jesucristo y solo en Él. ¡Felicidades Francisco, Obispo de Roma! Cuenta con nosotros

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