| Escrit per Francesc Jover 16 febrer 2022 |
Los artículos firmados expresan exclusivamente la opinión de sus autores.
| Escrit per Francesc Jover 16 febrer 2022 |
| Escrit per Francesc Jover |
Año 1956:
Dedicados a
la repoblación forestal en el valle de Mena, al norte de la provincia de
Burgos. Coincidí con 10 estudiantes madrileños, buenas personas y buenos
estudiantes, apadrinados por el famoso P. Llanos de quien eran amigos.
Uno de ellos
llegó a Ministro.
Al final nos
fuimos unos cuantos a las fiestas de S. Sebastián. Nos resultaba imposible
encontrar alojamiento. Vi la carpa del circo Price y allá que nos encaminamos a
hablar con el Gerente, a ver si nos permitía dormir dentro, al finalizar la
función de la noche. Y nos lo permitió, de manera que, cuando la gente salía,
ya estábamos nosotros a la puerta esperando entrar. En la plataforma central
con suelo de madera, y utilizando todas las almohadillas que quisimos, dormimos
de maravilla. Por lo que le quedamos eternamente agradecidos.
Año 1957:
Lago
Sanabria:
A 500 m. por encima del lago Sanabria hay un valle en el que se construyó un pantano. A los estudiantes nos subían y bajaban en vagonetas. El río Tera, que circula por el fondo de dicho valle, desemboca en una gran catarata, que se despeña sobre el lago y un pueblo a su vera: Ribadelago. Tal vez viene a vuestra memoria con esta palabra el desastre de la presa que reventó dos años después y se llevó por delante casas y personas.
| Restos de la presa. |
El desastre (pincha sobre las letras resaltadas)
Fotos
(pincha sobre las letras resaltadas)
Nosotros estuvimos construyendo un canal para dicha presa. La primera noche, sin mantas, tapado con toda la ropa que tenía, la pasé tiritando.
Año 1958:
Mi amigo, ya fallecido, y yo intentábamos aprender francés trabajando en Francia. El sindicato vertical de aquel entones nos proporcionaba contrato para trabajar durante un año; pero solo queríamos estar un mes, por lo que no lo aceptamos. Y nos fuimos alegremente a Francia en autostop a buscar trabajo. Tuvimos la gran suerte de que el coche que nos dejó en París, lo hizo a muy poca distancia del colegio internado donde nos íbamos a hospedar.
Durante una
semana buscábamos las ofertas de trabajo publicadas en los periódicos. Con
nuestro pasaporte de turista nadie nos contrataba. Contactamos con un catalán
comunista, que nos proporcionaría trabajo al lunes siguiente.
Pero el domingo
por la mañana me asomé a la ventana que daba al patio interior, y descubro con
gran sorpresa a dos condiscípulos y grandes amigos (actualmente también)
solitarios con la mirada perdida en mitad del patio. Les busqué comida y
habitación. Y nos unimos a ellos, que sabían a donde iban.
Se dirigían a
un campamento alemán internacional de estudiantes para trabajar en un
cementerio de guerra de Normandía: Champigny-la-Futelaye cerca de Evreux.
Y allá que
nos fuimos en autostop.
Este
campamento dependía de la organización Kolping, y su lema era “amistad más allá de
las tumbas”. Hacía pocos años que había terminado la segunda guerra mundial, y
estábamos en Francia, enemiga de Alemania. En nuestro turno no hubo estudiantes
franceses.
Adolfo
Kolping fue un sacerdote católico que creo en 1850 una organización para
atender necesidades sociales. Hoy son 400.000 socios que trabajan en 60 países.
En 1991 fue beatificado por el Papa Juan Pablo II en Roma.
Mi amigo y yo
nos presentamos al jefe de campamento para preguntarle si nos aceptaba. Nos
aceptó y pagó el viaje con billete de tren, ida y vuelta, desde nuestro
domicilio hasta el campamento.
En mitad de
los campos de trigo había uno de 6.000 cruces, con soldados enterrados de ambos
bandos. Ni siquiera estaba vallado. Nuestro trabajo fue hacer la zanja para
vallarlo.
Encontramos
una placa de plomo que llevan los americanos colgada al cuello para identificarlos.
La mandamos a la embajada americana.
Me hice muy
amigo de un alemán que dormía en la misma tienda de campaña donde éramos 10. Un
día me preguntó que de quién creía yo que era la música que estaba silbando. Me
sonaba a Bach. Y así se lo dije. ¡La había compuesto él!
Vivía en
Emden, al NO de Alemania, a donde me invitó, cosa que no acepté, no sé por qué.
Todos los años asistía con sus padres a las representaciones de óperas de
Wagner en el festival de Bayreuth.
Luego nos
escribíamos en francés, hasta que en su última carta me anunciaba que se hacía
seminarista. Era protestante. A pesar de mi insistencia en continuar siendo
amigos, no me escribió más.
Se ha
jubilado como pastor evangelista, ha creado una orquesta de mandolinas, ha
grabado varios discos, se le puede oir cantar y tocar la guitarra en Youtube,
ha creado un coro de ancianos que cantan canciones muy fáciles en las que no
hay semitonos, etc.
Cenábamos a
las 7, por lo que podíamos acostarnos a las 10, después de haber visto una
película en el próximo pueblo.
Como premio, a los 15 días, en bus nos llevaron a la Expo Internacional de Bruselas. Pudimos admirar el atomium y lo mejor que cada país podía ofrecer.
El viaje
terminó en Colonia, base de la organización. Y desde allí, siempre en autostop,
entramos a Francia por Metz, fuimos hacia el oeste, de turismo, y entramos a
España por Lourdes. Crucé la frontera a pie con la maleta en la mano, porque el
coche que me trajo no podía cruzar la frontera, y desde allí hasta Valencia con
unos franceses que venían de vacaciones.
40 años
después hice un viaje de turismo por Normandía para visitar la zona de desembarco,
el museo, etc. Volví al cementerio alemán, que está completamente transformado.
Ahora hay: 19.794
enterramientos todos alemanes, (el más numeroso de los 6 cementerios alemanes
que hay en Normandía) vivienda para el conserje, capilla, sala de estar con una
lista por orden alfabético de varios tomos, batallas de donde proceden, etc.
Hay una
empresa que va recorriendo todos los cementerios alemanes en el extranjero con
el fin de adecentarlos; incluido el español, donde están todos los alemanes
muertos por motivos de guerra en España y sus costas. ¿Dónde creéis que puede
estar el cementerio alemán en España?...Pues, al lado de su Emperador, Carlos
V, cerca de Yuste, donde también está el cementerio italiano.
Aquel verano
hice unos 5.000 km. y volví a casa con más dinero que me llevé.
Ovidio Fuentes
A finals del curs 1968-69, la meua vocació va començar a sacsejar-se a mesura que descobria les temptacions del món, el dimoni i la carn, que unes vegades venien per separat i, unes altres totes juntes, embalades en el mateix paquet, i no em deixaven ser capaç de destriar-les.Jo m’imaginava el món com tot allò que hi havia fora de les tanques de l’internat, és a dir, un univers atractiu des del moment que travessava la porteria a càrrec de don Miguel, sempre atent als nostres moviments des de la seua taula amb un cigar entre els dits. Les temptacions del món fora d’aquell internat eren incitacions al desordre de la consciència i diverses atraccions multicolors que penetraven per tots els meus sentits, i on cada color tenia un significant, com en el món de la publicitat.
El dimoni sempre me’l vaig imaginar amb la cara maquillada d’un vidrier, el nom del qual no recorde, amb una cua de dos metres arrossegant-la per terra, que contrastava poderosament amb la cara angelical, mai millor dit, de M. Àngels Aparicio, la filla del Viatjant, que encarnava la figura de Sant Miquel en la meua infància. Aquell arcàngel amb l’espasa en la mà dreta en alt i la cuirassa en l’esquerra era el patró dels vidriers, és a dir, de més de mig poble. Jo m’imaginava aquell arcàngel a la porta del cel donant ordres als àngels de segon divisió sobre la documentació exacta que havien de presentar tots els aspirants, que feien cua, a seure a la taula del banquet celestial en companyia dels sants.De les temptacions de la carn només coneixia les que patia en carn pròpia, i ni em passava pel cap que n’hi poguera haver de més classes. És bonica la innocència! I que lleig és perdre-la. I molt més que te la facen perdre!Sobra dir que a aquelles alçades de la vida jo mirava de reüll el llibret d’oracions titulat Pràcticas de piedad que amb tanta devoció obria els primers cursos, però que ara mirava amb suspicàcia, sobretot quan recitàvem allò de: “Procul recedant somnia, / Et noctium phantasmata; Hostemque nostrum comprime, / Ne polluantur corpora”, o siga, “Que s’allunyen de nosaltres els somnis i els fantasmes nocturns, i defén-me del nostre enemic perquè no s’embruten els nostres cossos”. I si no em feien molta gràcia aquelles paraules és perquè no m’importaven aquells mapes de matèria viscosa que apareixien dibuixats al meu pijama molts dies en despertar-me. Eixe “enemic” i “el cos embrutat” no em molestaven en absolut; és més: el meu cos i la meua ànima es trobaven molt millor i més relaxats per a començar un nou dia.En l’últim trimestre jo havia descobert una xica del meu poble en l’estació de la RENFE de València, acompanyada de sa mare. Ella i jo vam intercanviar, amb un poc de vergonya, mirades innocents i alhora més còmplices de les que ningú dels dos no poguera imaginar. El foc intern que m’abrasia va anar augmentant a mesura que s’acabava el curs, alimentat amb la llenya de la meua imaginació.Eixíem de l’internat una vegada al mes gràcies a una solta mensual, la finalitat de la qual era inserir-nos en el món. El permís no podia ser mai el primer cap de setmana del mes, quan tocava “retiro espiritual”, un exercici que jo m’havia pres molt seriosament des del primer curs de llatí, però que en els darrers cursos havia anat desinflant. Eixes eixides al món les devíem als acords presos en alguna sessió del Concili Vaticà II que aconsellaven que ens mesclàrem amb el saeculum, és a dir, el món.Vam fer els exàmens finals i el curs es va acabar, i devia ser a finals de juny o primeries de juliol quan el desig, l’atracció, la concupiscència, l’amor i tota una mena de sentiments descontrolats —sobre els quals no havia rebut cap mena de formació especial ni menys encara cap plàtica espiritual— es van desbocar. Tot això significa, en poques paraules, que de la contemplació mística em vaig veure abocat a l’acció.En un d’aquells passejos amunt i avall que els joves del meu poble feien a poqueta nit des del cine Goya o des de la placeta del convent fins a les Forques (una mena de tontòdrom, on es caçava i pescava alhora), aprofitant que la xica que no em deixava pegar ull anava en un dels extrems d’una colla de quatre, jo, amb el cor a cent per hora i amb por per si m’estavellava, vaig posar en pràctica la maniobra d’aproximació, exactament igual que els pilots dels avions que estan a punt d’aterrar. Cal recordar que aquella estratègia que l’espècie femenina havia elaborat en temps passats, llavors en pràctica, hui en dia ja ha desaparegut (entre més coses perquè els joves ja no passegen ni observen, sinó que estan més capficats i obnubilats amb els mòbils). La tècnica era que les xiques anaven rellevant-se en els extrems de les files per a facilitar la maniobra d’aproximació dels xics interessats a fer alguna comunicació oral amb alguna d’elles.Quan la xica amb qui jo volia parlamentar es va posar en un extrem, vaig aprofitar l’ocasió per a acostar-me i dir-li que hi volia parlar a soles. Ella, educadament, em va atendre i es va separar de les altres tres per a escoltar-me. Encara com, que em va fer cas…! Que civilitzats érem en aquell temps! No recorde quines altres xiques formaven aquella colla, però segur que es devien sorprendre que un seminarista del poble, a qui coneixien i a qui no havien vist mai xarrar amb una xica, s’haguera acostat a una d’elles. Ser seminarista, en aquell temps, era una cosa semblant a un ésser asexuat en procés d’arribar a ser ministre de l’Església, és a dir, un intocable.En aquells anys, acompanyar una xica a casa tenia el significat inqüestionable de “declaració d’intencions”. Així que, deixant arrere el cine Goya, vam anar carrer del Batle avall, vam travessar la plaça de la Vil·la cap al carrer de l’Església, i una vegada arribats per baix del campanar vam enfilar el carrer del Ravalet, on hi havia (i hi ha) un taulell devocional de Sant Bartomeu que em va mirar amb mala espina, amb un ganivet en la mà. Crec que la imatge del meu va ser la primera veu delatora del meu comportament al clero local.
Amb aquella xica vaig passar dels amors platònics de la meua infància i primera adolescència a l’amor real i tangible. Després d’un procés curt d’aprenentatge —arrossegava encara una maleta ben farcida de prejudicis i pors que la gran casa m’havia inculcat—, vaig començar a eixir formalment amb ella, la primera a qui vaig besar als llavis i vaig agafar de la mà. I res més, perquè en aquell temps anar ni que fóra un poc més enllà era pecat: pecat dels mortals.Uns mesos després em van concedir un any sabàtic perquè reflexionara, simplement per haver-me enamorat i voler endinsar-me i indagar en el món femení, en el cos i l’ànima d’una xica a qui volia; és a dir, havia infringit una norma del currículum ocult que no venia regulada explícitament en el reglament. Vaig encaixar el colp sense cap problema. Podia haver-hi alguna cosa més natural i bonica que eixa? Doncs els meus superiors no ho van entendre així. Evidentment, transcorregut l’any, no vaig tornar a aquell “espai artificial i homoeròtic”, perquè allà “es vivia, aleshores, aïllats en un món distint, fora de la realitat i en una espiritualitat ‘angelical’ fins que vam obrir els ulls” (Antonio Lagarda).
Bartolomé Sanz Albiñana
Escrit per Francesc Jover |
