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divendres, 10 d’abril del 2020

Y TRAS EL DERRIBO, QUÉ? Joséluis Porcar.

Semana Santa ‘recluida’ del año 2020.
Es más clara y contundente la reflexión sobre la vaciedad significativa de la sacramentalidad. Y sin embargo, el predominio de su permanente actuación por parte de los bautizados es una constante que resplandece en los templos, en los conventos, en las congregaciones, en los monasterios…

Hoy están presentes los protocolos y rituales a los que accedí ya hace la friolera de siete décadas. Entonces las pautas eran en latín eclesiástico veteadas de cantos en castellano de un contenido terrible o meloso y con una música lamentable casi siempre ralentizada por las mujeres que ponían su voz y a veces su entusiasmo o languidez en entonarlas. ¡Ah!, los domingos en la Misa Mayor se entonaba el registro gregoriano de la ‘Misa de Angelis’ que devenía una verdadera cantinela para echar a correr.

El rito de la Palabra con la Espistola y el Evangelio en latín. El sermón del cura encaramado en la trona estratégicamente situada hacia la mitad de la nave principal del templo, momento en que el sector de los varones adultos casi al completo abandonaba el templo para reincorporarse a su término.

Y el ‘H o c  e s t  e n i m  c o r p u s  m e u m’ y el ‘Paternoster’ y el ‘Agnus Dei qui tollis pecata mundi’ y la Comunión… Y el evangelio de San Juan: ‘In principio erat Verbum, et Verbum erat apud Deum…’ y el ‘Ite misa est’.

Todo, traducido a la lengua vernácula, sigue en pie. Apenas algún detalle que apunta a un horizonte distinto aunque ahogado por el sistema cabezón de que el Presbítero es el protagonista y única persona que realiza el recorrido tras el que caminan los feligreses quienes en un escalón inferior pierden su originalidad personal y se revisten de una actuación marcada por la pasividad, la nula iniciativa y la carencia absoluta de creatividad.

Es fácil derribar la sacramentalidad. Es un fantasma con luces de neón, frías, que deteriora, día tras día, la fe/confianza en Jesús de Nazaret, en el ágape fraterno y en la exuberante riqueza de cada unos de los seres humanos que creemos y buscamos esa fe.

Lo difícil es aventurar, imaginar cómo pasar de la intemperie aislada a una vivencia fraterna que exprese los signos humanos impregnados de, injertados en la trascendencia, en la sacralidad. A ver,… sí,… me gustaría alumbrar un camino,… quisiera participar en su construcción. Y lo largo de este miércoles santo no encuentro en mis armarios iniciativas viables. Ando perdido.

Quizá estoy un tanto escéptico y comparto mi vida con personas cuyo interés o cuya mirada al respecto no está entre sus primeras opciones. El caso es que se me presenta un desierto y una incógnita que por ahora no acierto a resolver. Llevo muchos años de espaldas a estas inquietudes y me sabe mal, a la vez que bien, el hecho de abrir esta ventana en mi interior.

El caso es que durante este periodo, en Zaragoza, he acompañado a mi amigo Ignacio a la misa de su parroquia. Las vivencias que se acumulaban en su desarrollo me confirman en la peripecia de una liturgia entubada en las raíces fósiles de la plegaria, del canto, de la palabra prefabricada y de los gestos prescritos casi inexpresivos. Todo ‘amenizado’ por canciones y ritmos, la dulzor pastelera de unas gentes ‘anónimas’ quienes ni siquiera al terminar ‘la ceremonia’ mantenían una conversación relajada en la puerta/atrio del templo. Cada quien escapaba a su quehacer tras ‘haber cumplido’ con el precepto dominical, consuelo y alimento de la fe… 

No sé. No queda registrada ni su naturaleza, ni su talante, ni su tendencia… No hay más… por lo menos en cuanto a las señales externas que la vida hace brotar espontáneamente en toda comunidad humana.

Y a propósito de señales quiero tirar del recuerdo infantil: en ‘l’esglèsia de Vilafranca del Cid’, (1951-1952), con mis seis/siete años a cuestas, al terminar una matinal de Viernes Santo con su Oficio de Tinieblas, oigo pasmado, con mirada atenta y sobrecogida, el estruendo de libros golpeando los bancos, el cortante y bronco ruido de los mismos bancos aplastando las baldosas del suelo, las carracas en furia sonora… las mismas que durante la Semana Santa sustituían a las campanas para llamar a cumplir con los rituales de misa, rosario, vísperas etc.




Y ese Apocalipsis volcánico significaba la muerte de Jesús, ‘del nostre Senyor’. Así lo entendí sin esfuerzo y permanece vivo su sabor en mi conciencia. He ahí la garantía de un signo plenamente humano que por su espontánea realización se saltaba la rúbrica. Cómo no se la va a saltar si dicha actuación hace de la expresividad un signo inmediato y directo de quienes en ese momento participábamos del hecho de la muerte ignominiosa de Jesús de Nazaret.

Y otro momento que no he olvidado pertenece al Sábado de Gloria. En la mañana, cerca de la plenitud del día, en el templo, la misa cantada, se entona el ‘Gloria’… y en arrebato bien orquestado y simultaneo irrumpen las campanas de la torre de la Iglesia, todos los carillones voltean sin cesar dentro del templo y las campanillas de los monaguillos con entusiasmo en desmesura… Sonido, sonoridad a espuertas, con desfachatez elemental, durante por lo menos cinco minutos (sin medida en nuestros corazones) que inundaba la atmósfera del templo y que atraviesa la piel de quienes abrazamos allí y ahora el gozo inmenso de sentirnos vivos alentados por Jesús a quien Dios resucita de entre los muertos.



Dos momentos sonoros. Dos momentos humanos. Dos momentos sagrados.

Imposible ocultar su significación y su trascendencia: se trata de dos signos sacramentales en una espontánea vertiente sonora que no puede atenazar ninguna ‘rúbrica’.

Pura humanidad.

Bona Pasqua a totes i a tots. (In tempore paschali additur) Aleluia.

Joséluis Porcar.

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 Me cuenta Matilde, mi mujer, que en un pueblo de la Castilla profunda, este momento era aprovechado por algunos mocetes para ensartar con clavos los velos de las mujeres, a martillazos, para luego encanarse ante la sorpresa convulsiva de dichas mujeres frente al desafuero de sujeción de sus mantillas al levantarse. 
Otro gesto, ¡pillastre sí, y lleno de humanidad!

7 comentaris:

  1. En la época que las campanas tocaban a gloria en la mañana del Sábado Santo, simultáneamente cuadrillas de mozalbetes, y alguna que otra persona sesuda, recorrían el pueblo (al menos los de La Costera) golpeando los picaportes de las puertas. Enrique Herrero.

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  2. A propósito de la vaciedad de tantos ritos, que nuestro buen amigo J. L. Porcar aduce, se me ocurre acudir a la ÚLTIMA CENA. Jesús se rodeó de los más íntimos para despedirse, para dejar su testamento de los bienes que Él tenía, que no eran otros que su misma vida. No tenía más, que no es poco.
    Y cuando las palabras fallan, cuando no tenemos palabras, acudimos a los símbolos, a los mitos. Es lo que Jesús hizo constantemente con las parábolas; y en esta ocasión con mayor motivo, porque esta vez no se trata de explicar algo, sino de explicarse a sí mismo, de explicar su vida entera. En momento tan trascendente no hay palabras.
    Tenemos tres elementos: un convite, el pan y el vino.
    El convite: para celebrar un acontecimiento nos reunimos con los más allegados para comer,( impulsar la vida), en ambiente de alegría, de confianza, de sinceridad. Están fuera de lugar las disputas, la desconfianza, el alejamiento. Son momentos de intimidad, para decir lo que nunca se ha llegado a decir.
    El pan: en algún momento de su vida Jesús ya había dicho: “si el grano de trigo no muere….”. Los molinos que en aquel entonces habría en Galilea serían manuales: sobre una piedra fija en el suelo, se colocan los granos de trigo, que se hacen harina por la fricción de la otra piedra de encima, movida a la fuerza con las manos. Hecha la masa y cocido el pan, se distribuye a todos como alimento de sus vidas.
    El vino: una vez echadas las uvas al lagar, eran pisoteadas, para exprimirlas, etc.
    Los símbolos, como los mitos, nunca no son falsos. Una vez aceptados, hemos de esforzarnos con todas nuestras entendederas, para comprenderlos; y jamás los agotamos. Las cosas sencillas son a veces las más profundas.
    En tales momentos Jesús les dice que su vida ha sido como el pan y el vino. Se ha repartido, se ha deshecho en hacer el bien. Y encima les dice que cuando se reúnan, hagan lo mismo para perpetua memoria. Para que aprendan.
    En ese momento, con pocas palabras, Jesús resume lo que ha sido su vida y su Evangelio.

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  3. Deixeu-me dir el que pense sobre les reflexions de l'amic Joseluis. De bestreta ja us dic que no tindràn la profunditat del vostre nivell. Prop del final senyala tres moments del dia de glòria: sonor, humà i sagrat. Tres moments per a mi incompatibles. sonor i humà si, però sagrat? Sobretot si entenm per sagrat els dogmes, els ritus, i, especialment l'aparell de l'església. Des del moment que s'ha posat en questió si Jesús va existir vertaderament, crec que cal replantejar-s'ho tot. A mi em sembla que a l'evangéli si alguna cosa és aprofitable (i crec que n'hi han moltes) és la part humana, el donar-ho tot a canvi de res. Pense a més que deuen estar en harmonia les crences religioses i la història (esperit i matèria), entenent que la història és certa i les creences questionables.
    No feu molt de cas, el que passa és que estem una mica desficiosos. Francesc Jover

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  4. Un pequeño comentario a Ovidio sin ánimo de confrontación.
    Creo que Ovidio no tiene razón en eso de afirmar que los simbolos y los mitos nunca son falsos. Mas bien habría que decir que nunca son verdaderos. Los mitos lo que pretenden no es contar lo que ocurrió o dejó de ocurrir, sino darnos una interpretación, casi siempre interesada o al servicio de ciertos poderes porque en realidad solo se proponen persuadir y convencer más que aportar conocimiento. (Distinguir con lo que hoy llamamos “fake news”, información falsa con la intención de engañarnos; los mitos y simbolos no tienen tal intención pero cumplen un proposito no siempre bondadoso).
    Basta con leer las primeras paalabras del Genesis cuando se nos cuenta la creación del mundo y de la humanidad: puro mito. Ni se creó en siete dias, ni de la costilla de Adán..... Nunca se los puede entender desde su literalidad, mas bien instrumentalizan una interpretación que se acomode a intereses previos o a convicciones igualmente aceptadas.
    Pretenden convencer y persuadir no explicar la realidad. Sucede como con los prejuicios, cumplen su función de ofrecer una aparente explicación racional aportando razones triviales cuando no irrelevantes y falsas. Sucede estos dias que los paises del norte de Europa no están dispuestos a compartir deudas con los sur bajo el eslogan de que estos son poco disciplinados, libertinos, vagos y falsos. El ritintin de nos roban, no nos salvan.....lo conocemos.
    Los prejuicios, los simbolos y los mitos puede que nos identifiquen como grupo o como sociedad pero no aportan conocimiento objetivo y, en consecuencia, tambien nos engañan como los molinos de viento al Quijote. Y, sin embargo, resulta dificil desprenderse de ellos; conviene recordar que el prejuicio contra los judios nace y se cimienta en esta semana santa al atribuirle a ellos la muerte de Jesús; 2000 años despues supimos lo que ocurrió en el Holocausto.
    Los mitos conforman el imaginario colectivo favoreciendo ciertas preconcepciones que entorpecen el coportamiento racional; piensese en la transfusion de sangre en los testigos de jehová o en las creencias creacionistas en contra de la evolución de las corrientes evangelistas americanas. Otras veces los mitos nos unen y otras veces nos dividen y confrontan y sino piensen en los mitos identitarios.
    Creo que Ortega dió en el clavo al afirmar que en las creencias se está (o sea, es dificil de sustraerse a ellas, y en su caso se las sustituye por otras). De esto algunos de nosotros sabemos bastante, pues hemos vivido en propia carne las secuelas de haber participado de procesos de cambio de ritos, simbolos, creencias y mitos. Mientras se pueda mejor confiar en las ideas y la razón que no en la creencia.
    (Nota: el mundo de hoy hay que gestionarlo con datos y diagnosticos; por supuesto que se necesitan convicciones, pero en sus justos limites).

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    1. Mi comentario a Juan Pascual: lo que dices es cierto; y lo agradezco.
      Pero corrientemente se desprecia los mitos como puro cuento. Ante este hecho pretendí destacar el trasfondo significativo de los mitos. Entiendo que un mito es la decantación de una teoría, de una espiritualidad, de una situación humana muy compleja, difícil de describir. Las palabras se quedan cortas, y se recure entonces a un relato breve, pero enjundioso. Cuestión aparte es la intencionalidad añadida al relato.

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  5. Debat molt interessant, el debat sobre els mites i els ritus, que m'ha recordat els llibres de Mircea Eliade, a Cioran, a Nietzsche en allò de l'etern retorn... i les qüestions que plantegeu tots, però, una pregunteta,Joséluís, i no vol ser sarcàstica: això de la carraca, no era per espantar als jueus i a aprofundir en l'abisme ecumènic i en l'antisemitisme?

    Sal·lus

    Ho faig així, posant l'anònim, perquè em sembla el més fàcil i d'una altra manera no sé fer-ho, m'embolique i sembla que sóc maldestre en afers informàtics i segurament en altres també.

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  6. Creo que Ovidio y yo (y otros muchos ) estamos de acuerdo en que:
    1. Los mitos, mitos son.
    2. Son ncesarios, al menos imprescindibles. La racionalidad humana llega hasta donde llega.Si la razón necesita de la imaginación, ésta se crece ante lo desconocido.
    3. Los mitos son creaciones humanas,cambiantes y culturalmente dependientes que dotan de sentido y significado. Venderlos como verdad absoluta, ahí está el peligro.

    En estos tiempos de crisis e incertidumbres hay que buscarse agarraderos; volar demasiado alto puede llevarnos al batacazo como Icaro, volar a ras de suelo nos hará terraplanistas.
    Un abrazo, Ovidio.

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